“Y entonces se me ocurre, mientras los camejanes persiguen a la chivata hermosa para bulearla y chiflarle cosas sucias, que yo puedo alcanzar otra vida al putearme a todos esos foquin meridianos. Al fin, nací muerto y no tengo ni pizca de miedo. Lo pude comprobar desde siempre, como hace rato, cuando molí todos los dientes a un cameján que le tiró un perro a la chivata, y ella, sin decirle nada, sólo miraba hacia la calle por donde debía venir el bus, y ella toda incómoda y más cuando el putarraco le tentonichó una nalga con sus dedos infestados de espronceda”
Liborio tiene que dejar México, pues «en México sólo tienes las putizas para sobrevivir. Por eso me vine para acá, porque ya estaba hasta el culo de andarme limpiando los mocos en el polvo; mordiéndole las entrañas a la tierra» y cruza, como tantos otros, el Río Bravo para llegar «a la tierra prometida». En un barrio cualquiera de cualquier ciudad gringa, este mojado nos cuenta su historia.
En esta novela, Aura Xilonen nos cuenta los problemas sociales, la soledad, el miedo, pero también el amor al que los migrantes pueden enfrentarse. Gracias a los recuerdos y a la voz de Liborio lo acompañamos a cruzar la frontera de manera ilegal y entendemos cómo a sus ojos el entorno brilla con todo el lujo al que sólo accede a distancia, mirando. Alimenta sus fantasías eróticas mientras observa a las «morras» transitar por las calles, al tener la oportunidad de trabajar en una librería.
Y es ahí donde, casi fortuitamente, conoce a una chica con la que fantasea y a la que vuelve la razón de su existencia. Entonces, su historia dará un giro inesperado: se convertirá en boxeador. La vida de Liborio nos acompañará y nos deslumbrará en un lenguaje que demuestra, a su vez, resistencia y fascinación.