Taller de escritura creativa: El Hada y la Maleta

Taller Ciervo Blanco de ESCRITURA CREATIVA en Madrid:

1 Imagen 250 Palabras

taller escritura madrid gratis ciervo blanco hada y maleta
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Objetivo y Funcionamiento

El objetivo es escribir un relato original e inédito, de contenido y forma libres, basado en la fotografía presentada. Cada semana se ofrece una imagen distinta como disparador creativo.

El texto debe ser un relato breve de un máximo de 250 palabras. Esto es importante debido al tiempo; los textos que superen las 250 palabras no serán leídos en la sesión, no podrán ser votados y no serán incluidos en el libro recopilatorio.

Durante las reuniones cada autor lee en voz alta su creación, se comentan las obras y al final del encuentro se vota al texto preferido. Los mejores relatos serán incluidos en el libro recopilatorio final. Es posible que pongamos en práctica durante la sesión un ejercicio de improvisación literaria basado en un disparador creativo diferente.

La asistencia es libre y gratuita. Es imprescindible escribir un relato basado en la imagen de un máximo de 250 palabras para poder acudir y participar.

Información sobre evento

Sesión de Escritura Creativa: El Hada y la Maleta

Cuándo: Domingo 02/08/15 a las 18:00

Dónde: Residencia de Estudiantes – C/ Pinar, 21-23 – Madrid (Gregorio Marañón)

Apúntate pulsando «Reservar«:

Plazo de reserva finalizado

Lista de Asistentes

Lista de asistentes (incluyendo otras redes):

Adrián Díaz (CBO)

Almu

Carlos

Hilario

Maite

María José

Nala

Pilar

Sergio

Sonsoles

Carlos

Elena Hernández

Eva

Evita Ali

Fernando J.

José Cruz

José M. Rodríguez

Nerea Rivera

Paloma

Pepe

Escritura Creativa 150802

Taller de escritura creativa gratuito organizado por el Club del Libro Ciervo Blanco en Madrid. Una imagen, 250 palabras.
02/08/2015
18:00

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RELATO GANADOR: Quiero ser mala, de Hilario Gutierrez  [br] FINALISTAS: Equipaje de mano, de José M. / El Relato de Eva

Hilario Gutierrez: Quiero ser mala

Hilario Gutierrez: Quiero ser mala

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Deambulando aquella noche de verano topó con una maleta tumbada en la calzada. Le llamó la atención por su inusual abandono en la calle, por su color rosa y porque era muy nueva para ser un deshecho. El hada recorría las callejuelas poco iluminadas del centro de la ciudad como un pajarillo brillante. Normalmente la confundían con una luciérnaga lo que la ponía a tiro de los insomnes y malhumorados aplastadores de insectos. De balcón en balcón su diaria y nocturna tarea en busca de personas a las que ayudar se convertía en una lucha de espadachines con revistas y zapatillas y su varita mágica como armas. Vida errante y desagradecida la del bienhechor.

Movió inquieta la naricilla, lo que le ocurría cuando le picaba la curiosidad. Con un movimiento de la varita abrió la maleta. Cortos vestidos de verano, tops, tangas, maquillaje, perfume, un espejito que no era mágico pero que le reveló su peinado decimonónico, y su vestido parecido a un camisón victoriano. Miró la varita fijamente como cuando miraba la bola de cristal, y decidió convertir lo infinito e inmortal en concreto y mortal. Rodeó su cuerpecito con un toque mágico; el último. En un segundo se encontró sentada dentro de la maleta con las piernas desbordándola, embutida en una minifalda, mirando en el espejo su cara maquillada de sábado noche, su melena pelirroja como una ola, su escote ostentoso. Haciendo equilibrios sobre tacones y meneando las caderas,  rasgo la oscuridad de la calle, seductoramente mortal.

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Blog de Hilario: lortoe.wordpress.com

Eva Pérez: El hada del destino

Eva Pérez Rodríguez: El hada del destino

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Deambulando aquella noche de verano topó con una maleta tumbada en la calzada. Le llamó la atención por su inusual abandono en la calle, por su color rosa y porque era muy nueva para ser un deshecho. El hada recorría las callejuelas poco iluminadas del centro de la ciudad como un pajarillo brillante. Normalmente la confundían con una luciérnaga lo que la ponía a tiro de los insomnes y malhumorados aplastadores de insectos. De balcón en balcón su diaria y nocturna tarea en busca de personas a las que ayudar se convertía en una lucha de espadachines con revistas y zapatillas y su varita mágica como armas. Vida errante y desagradecida la del bienhechor.

Movió inquieta la naricilla, lo que le ocurría cuando le picaba la curiosidad. Con un movimiento de la varita abrió la maleta. Cortos vestidos de verano, tops, tangas, maquillaje, perfume, un espejito que no era mágico pero que le reveló su peinado decimonónico, y su vestido parecido a un camisón victoriano. Miró la varita fijamente como cuando miraba la bola de cristal, y decidió convertir lo infinito e inmortal en concreto y mortal. Rodeó su cuerpecito con un toque mágico; el último. En un segundo se encontró sentada dentro de la maleta con las piernas desbordándola, embutida en una minifalda, mirando en el espejo su cara maquillada de sábado noche, su melena pelirroja como una ola, su escote ostentoso. Haciendo equilibrios sobre tacones y meneando las caderas,  rasgo la oscuridad de la calle, seductoramente mortal.

Alberto Jiménez: Puedes mirar la fotografía

Puedes mirar la fotografía por Alberto Jiménez

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Puedes mirar la fotografía todo el tiempo que quieras y seguirás sin saber si la chica entra o sale de la maleta. Puedes creer que la chica va ¬al País de Nunca Jamás y que el hada es Campanilla; o que vuelve, ya hemos dicho que desconocemos el sentido del camino. Puedes pensar también que los excesos de la noche crean situaciones sorprendentes, y que la chica se metió en una maleta que encontró en la calle al volver a casa, y que se durmió y cuando despertó el hada aún seguía allí. O puedes acercarte más a la verdad e imaginar que a la chica esa imagen luminosa le ha provocado un súbito ataque de nostalgia y que lo que piensa en realidad es: “hay que ver cómo me recuerda esa hada a las figuritas de flamenca que colocaba mi abuela encima del televisor”.

María José: El Hada Azul

El Hada Azul por María José

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Volvió a mirar por la ventana y allí seguía la maleta, entre los contenedores de basura, era miércoles y hasta el viernes no se la llevarían los basureros, era una maleta de cuero vieja, seguro que sus dueños se habían desecho de ella porque no tiene ruedas.

 -Ah las maletas con ruedas qué gran invento, pensó María,  ya nadie tenía que acarrear pesados bultos de un lado a otro de estaciones y aeropuertos….

Estaba pensando en el último viaje que hizo con su vieja maleta sin ruedas  cuando un coche pasó despacio buscando  aparcamiento e iluminó el frontal de la maleta, y de repente como un relámpago un destello azul surgió de una pegatina adherida al frontal, vio claramente en la pegatina el hada azul, el logotipo de un viejo hotel propiedad de sus abuelos, donde solía pasar los veranos una vez acabadas las clases, y que vendieron hace mucho tiempo.

Bajó corriendo y observó la pegatina, efectivamente, alguien que había pasado sus vacaciones en el hotel vivía por el barrio, despegó con cuidado la pegatina de la maleta para no romperla, dos trozos se resistieron a despegarse del cuero, pero el hada azul salió íntegramente, con el hada entre sus manos como el tesoro más valioso del mundo subió las escalera de su casa emocionada con sus recuerdos de niñez, recordó las largas tardes de verano con sus amigos en la playa del pequeño pueblo costero donde vivían sus abuelos, y donde había visto por primera vez el mar.

José Luis: Muy brillante

José Luis: Muy brillante

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Estaba hasta el moño de la gente brillante. Brillantes sus dineros, sus leyes, sus casas de muy brillante diseño, sus cuerpos y sus almas brillantemente magulladas. Sus jueces y sus dioses. Como los mismísimos chorros del oro. Bisutería brillante al por mayor, óigame usted: qué no nos falte de ná.

Se fumó su último cigarrillo, se encerró y se tragó el llavero y la cartera con la pasta y toda la documentación.  Las luces de la calle pronto se apagarán. No piensa salir jamás.

Fernando J. Cabañas: Suya

Fernando J. Cabañas Alamán: Suya

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Suya; solo y para siempre suya.

Atrapada en su magia; poseída por ella sin posibilidad ni deseo de sucumbir ante otros embrujos que no sean los suyos. Así me siento; así quiero vivir.

Siempre me sentí cautivada por sus encantos, por esa indefensión que, como yugo inexorable que se aferra al cuello, te ofrece la seguridad que nunca antes imaginaste.

Sola; solo con ella y sin posibilidad de compartir, fuera de su manto, sueños, anhelos, pesadillas o ilusiones. Míos; solo míos y así de ella, sin permitir que nadie pueda robármelos o ni tan siquiera emborracharse con ellos.

Cuántas veces, en ella, disfruto cada instante como si fuese el último a vivir. Sé que nunca me abandonará, que todas las jornadas de mi vida me acompañará y que sus hechizos cada día me atraerán más hacia ella. Disfrutarla, vivirla, sentirme fuerte a su lado, gozar la fragilidad que su sola presencia me concede; sentir ese amor sincero y fiel que exclusivamente ella me otorga.

Y de pronto apareces tú intentando secuestrar mi ilusión, pretendiendo ofrecerme una luz que solo a ella, aun en sus tinieblas más embriagadoras, permito regalarme. ¿Puedes imaginar cómo se desgarra mi alma cuando impunemente lucho por no compartirla con quienes pretenden robarme parte de sus sortilegios?

Y tú queriéndome dispensar nuevas ilusiones. No te necesito. Vete. Deja que esta triste maleta custodie mi descanso hasta que hoy, como ayer y como siempre, viva intensamente un romance de vida con mi verdadero y único amor: la noche.

Sonsoles Garcÿfeda-Albertos: Aunque pueda sonar extraño

Sonsoles Garcÿfeda-Albertos: Aunque pueda sonar extraño

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Aunque pueda sonar extraño las hadas a menudo viajan en avión así que también les afecta la reducción de tamaño máximo admisible para el equipaje de mano, y a las hadas, como a los gnomos o a los elefantes, tampoco les gusta abandonar a su humana de compañía en una cinta de aeropuerto, por muchas etiquetas que le peguen sobre su ropa.

El hada Luisina no conseguía cerrar la maleta de dimensiones aprobadas con su humana Dakota dentro, pero ni un por un instante valoró la idea de dejarla en casa. Si viajaba sola, ¿quién la entretendría con cuentos e historias? Entonces se le ocurrió una típica idea de hada: la metería en la lavadora, programa largo con secado, a ver si así encogía.

Sí, listillos, me diréis que si Luisina es un hada, pues que haga un encantamiento y la convierta en ratón para el viaje, y luego vuelva a transformarla en Dakota, ¿no? Pues no, porque la magia sobre humanos requiere permiso tipo B, y ella todavía no había conseguido aprobar el examen.

En cuanto sonó el pitido de final de programa, Luisina abrió la lavadora y sacó a Dakota tirando de un pie. Resultó que no sólo había encogido de tamaño, ¡sino de edad! ¡Ahora tenía siete años! Bueno, ya no había solución, así que el hada Luisina se la llevó de vacaciones y no les fue nada mal, porque Dakota dejó de contar historias de matrimonios desgraciados y empezó a contar cuentos de hadas.

Maite: Una gozada

Maite: Una gozada

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Muy despacio fui abriendo la maleta. Teníamos trabajo, había que arreglar aquel desastre antes de que nos descubrieran.

Mi hada madrina fue desplegando sus fuertes alas, esas alas aparentemente tan delicadas que podrían quebrarse con un suspiro, pero que hacían verdaderos milagros cuando volaban sobre las desgracias ajenas fueran de la clase que fueran.

Teníamos frente a nosotras un campo yermo, arrasado por un fuego devastador, de los restos de la casa calcinada ni hablamos, pero cuando algo así como una libélula empezó a sobrevolar por el terreno daba un placer inmenso, para quien tenía el privilegio de observarlo, como aquí y allá salian nuevos brotes, empezaba la vida, la casa se salvó por “puro milagro”, sus dueños nunca se explicaron como sucedió, huyeron con lo puesto.

Era nuestro gran secreto y al mismo tiempo nuestro gran tesoro, trocar la furia por calma, el abatimiento por alegría, la soberbia por humildad, la envidia por admiración, la injusticia por equidad, la desesperación por esperanza…, así de simple.

En tal caso lo único que se veía, si eras buen observador de la vida , era a una mujer con una maleta andando sin descanso por los caminos.

La verdad es que era una maleta liviana,nadie adivinaría quién iba dentro, pero si se podían advertir los cambios que se originaban a su paso. Ni los científicos, magnates, gobernantes y “delincuentes varios” se explicaban cómo se regeneraba el mundo a pesar de sus “esfuerzos” por destruirlo poco a poco.

Así me lo contó mi abuela hace mucho, mucho tiempo y yo os lo cuento a vosotros para que nunca olvidéis el poder de los deseos y la magia.

José M.: Equipaje de mano

José M.: Equipaje de mano

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Mariela desplegó la nota y leyó: «En el bolsillo grande interior irán los apuntes de las clases de interpretación, dinero bien invertido, me dije siempre. En el rincón derecho, debajo de mis vaqueros doblados, meteré el diario que me regaló papá cuando cumplí doce años. Tiene las esquinas dobladas por el tiempo y una goma para cerrarlo que de vieja, ya no sujeta nada. Seguro que en esta nueva etapa por fin lo estrenaré.

Entre los calcetines apretaré la cajita de madera en cuya tapa Álvaro grabó: “te esperaré”. Me dijo que dentro había una promesa que sobreviviría al tiempo. La llevaré conmigo adonde quiera que vaya, pero no la abriré por si acaso está vacía.

Cerraré la maleta y en el bolsillo exterior, el de la cremallera, el de llevar las cosas a mano, meteré lo que siempre dice mamá: los pañuelos de papel ,las aspirinas y la sensatez.

En el bolsillo de mi camisa irá lo que nunca puedo perder de vista: el billete de autobús, el dinero y la cordura.

Cuando el motor arranque miraré por la ventanilla y veré como se queda atrás todo lo conocido, y sonreiré porque ya estaré en el camino de mis sueños».

Mariela levantó la vista cuando una sombra se puso delante de ella.

-Nena, ¿Cuánto por un completo?

Dobló el viejo papel arrugado por el uso, lo metió en el bolso y pensó, por séptima vez aquel día: «¿En qué momento perdí mi maleta?>>.

Pilar: Ante ella, una luz intensa

Pilar: Ante ella, una luz intensa

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Ante ella, una luz intensa, brillante.

Una mezcla de miedo e ilusión infantil la invadió.

– “Hace mucho que me olvidaste”, se escuchó. “¿Los has guardado? ¿Todavía crees en ellos?”.

Durante la infancia Elena mantuvo una ilusión: tres deseos y un hada que aparecería para hacerlos realidad.

Pero la ilusión se tornó desesperanza.

Sus tres deseos se fueron desvaneciendo poco a poco, al tiempo que fue gestando una existencia asfixiante, estrecha y solitaria.

Las veces que había apostado por algo mejor, la vida le había devuelto un nuevo fracaso.

Había dejado de confiar, de querer o dejarse querer, pero ahora…

Sus tres deseos…, aquella niña capaz de conservar tanta ilusión a pesar del dolor,… ¿qué quedaba de aquello?.

Al instante los recordó. Eran la esencia de su vida, la posibilidad de tener una existencia que mereciese la pena.

– «¿Te asustan?», le preguntó el hada.

– «Quizá, no sé qué sería vivir de otro modo».

La realidad es que no recordaba nada que le hubiera asustado tanto en su vida. Estaba tan segura con su monótona existencia…

– “Está bien. ¿Por dónde empezamos?”.

– “Por reír”, contestó el hada. “Si eres capaz de reír serás capaz de soñar, de encontrar en tu vida cosas que merezcan la pena. Sin alegría no hay deseos y yo no trabajo en condiciones en las que no vaya a haber resultados”, bromeó el hada.

Elena pensó un instante en su vida anterior e hizo esa primera apuesta.

Sergio Cobles: Volver a encontrarse

Sergio Cobles: Volver a encontrarse

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Me encontraba en una de esas etapas en las que comienzas de nuevo a replantearte tu vida, me estaba estancando en mi libro y no solo eso, empezaba a tener la sensación de que me ocurría lo mismo en mi propia vida, ¿Acaso le estaba perdiendo el sentido? O ¿debería abandonarlo? Me estaba arrinconando, necesitaba liberar mi mente de nuevo, aligerar esa vieja maleta que había estado entorpeciendo mi camino durante todo este tiempo, debía hacer algo para recuperar esa inspiración perdida, como si me cubriera un polvo de hada y de repente, pudiera echar a volar mi imaginación, que mi mano no pare en toda la noche y eufórica, escribiera un millar de páginas sin ni siquiera darme cuenta. Entonces decidí que lo mejor al final sería volver a escribir el principio.

Alejandro Rodríguez: Refugio

Alejandro Rodríguez: Refugio

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Allí dentro estaba bien, se encontraba segura. No podía oír los gritos ni los golpes. Ese era su refugio, donde esperaba a que pasara la tormenta. Además, no estaba sola. Abraza fuertemente a Mery, ella la consolaba. Oía la voz de su abuela, la decía que no pasaba nada, que se querían; que volvería a casa y todo volvería a ser como antes. Abrazó a la pequeña hada más fuerte que antes, dejando escapar un sollozo. El silencio de su pequeño escondite se vio interrumpido por unos pasos en el exterior. “¿Ves lo que consigues con tus gilipolleces? Ya se ha vuelto a esconder en la maleta de mierda esa. Te dije que la tiraras.” La voz de su padre siempre sonaba enfadada cuando ella no estaba delante. La luz la cegó cuando papá abrió la maleta. Tenía la cara roja y le temblaban las manos. Mamá se apoyaba contra la puerta de la habitación, llorando y tapándose un lado de la cara.

-Cariño, ¿qué haces aquí? Venga, sal. Vas a dormir con los abuelos esta noche, mamá y yo tenemos que hablar de una cosa. Puedes llevarte ese peluche si quieres.

Elena Hernández: Aquello que me sobra

Elena Hernández Pérez: Aquello que me sobra

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 ¿Por qué no terminas de cerrarla y te embarcas? Preguntó ella mientras tintineaban sus alitas. Mónica miraba atónita la figura en miniatura que la hablaba desde el borde de la maleta. ¿Pero no ves que por mucho que quiera no soy capaz de cerrarla? Demasiadas cosas que meter en ella y no sé de cuál desprenderme. “Yo empezaría por los zapatos. Prueba sin los zapatos”. Las botas, quería decir la hadita, las botas que había tardado meses en rescatar del escaparate desde donde la llamaban todas las tardes yendo a trabajar. Meses ahorrando para ahora desprenderse de ellas. Pero era una buena opción y se las quitó. Se sentó dentro de la maleta, expulsó todo el aire, se dobló por la cintura y cruzó las piernas. Con la mano izquierda comenzó a cerrar la cremallera, pero… ni por todo el yoga del mundo era capaz de terminar de cerrarla. Seguían sobrando cosas. “Tú no te quieres ir” le dijo el hada. Mónica no daba crédito a la osadía de aquel personaje. ¿De dónde habría salido?. “Pero no ves que la ropa que llevas te lo impide?” Algo de razón tenía. El jersey era bastante grueso y la falda no le permitía cruzar las piernas como debía, así que se desnudo. Volvió a repetir el proceso de doblamiento y ¡zas! maleta cerrada. Estaba lista y preparada para partir. Pero ¿cómo podría moverse ahora estando dentro de su maleta? “Y dígame la señorita” oyó la voz tintineante del hadita “¿hacia donde desea volar?”.

Adrián Díaz: Tengo que viajar

Adrián Díaz Mantecón: Tengo que viajar

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A los ángeles, caídos o no, en los que nunca creí. A vosotros os requiero. A las hadas, a los gnomos, al ratoncíto Pérez. A todos, os necesito hoy. Os necesito ahora.

He de ir al lugar del que no debí salir. He de volver. Y he de hacerlo en un instante, más lejos que otro continente, más rápido que un Concord, más fugaz que la estrella que perdí al huir de allí.

He de volver, os ruego, por la magia. Ven Thor, devuélveme a mi hogar. Ayúdame, te lo suplico, Alá, debo regresar al paraíso.

A quien sea, a todos, por favor, no puedo esperar más: traédmelo, dádmelo, llevadme allí.

Que mi camello, sabedlo, no me responde al móvil hoy, y el gramo de heroína, ese que guardaba, hace rato se extinguió en mis venas. Os lo suplico, hadas, venid a mí, llevadme allí. Debo viajar.

Siempre puedes escribir tu relato y enviárnoslo, aunque no estuvieses en la sesión, para que sea leído e incluido en el libro recopilatorio: contacta.

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Adrián Díaz: Dejado marchar

Adrián Díaz: Dejado marchar

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El último chute fue el mejor de todos. Su hada madrina se lo había concedido. O quizá había sido un billete de veinte. Pero lo estaba disfrutando. En su viaje, en el interior de la maleta donde todo estaba oscuro y al mismo tiempo todo estaba iluminado, era feliz. Nada sabía de jardines ni piscinas, de caerse, de ahogarse, de morir. Fue el último viaje en muchos sentidos. Saldría en las noticias: «Joven de La Moraleja bajo el efecto de estupefacientes muere ahogada en la residencia familiar». Para ella no había agua, sólo existía el viaje. Su hada, por fin, la había dejado marchar.

Siempre puedes escribir tu relato y enviárnoslo, aunque no estuvieses en la sesión, para que sea leído e incluido en el libro recopilatorio: contacta.

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7 years hace

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7 years hace

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Ciervo Blanco
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7 years hace

Para imprevistos: +34 668853320

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