Escritura Creativa 150215 – En el andén oscuro

Sesión Ciervo Blanco de ESCRITURA CREATIVA en Madrid:

1 Imagen 250 Palabras

taller escritura creativa madrid ciervo blanco 150215
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Objetivo y Funcionamiento

El objetivo es escribir un microrrelato original e inédito, de contenido y forma libres, basado en la fotografía presentada. Cada semana se ofrece una imagen distinta como disparador creativo.

El texto debe ser un relato breve de un máximo de 250 palabras. Esto es importante debido al tiempo; los textos que superen las 250 palabras no serán leídos en la sesión, ni podrán ser votados.

Durante las reuniones cada autor lee en voz alta su creación, se comentan las obras y al final del encuentro se vota al mejor texto. Los mejores relatos serán incluidos en el libro recopilatorio final.

La asistencia es libre y gratuita. Es imprescindible escribir un relato basado en la imagen de un máximo de 250 palabras para poder acudir y participar.

Información sobre evento

Sesión de Escritura Creativa 150215

Cuándo: Domingo 15/02/15 a las 17:00

Dónde: Cicero Canary – C/ Altamirano, 16 – Argüelles, Madrid

Apúntate pulsando «Reservar«:

Plazo de reserva finalizado

Lista de Asistentes

Lista de asistentes (incluyendo todas las redes):

Adrián Díaz (CBO)

Añonuevo2011 (UO)

Eva Pérez (CB)

Joaquín Emilio (MU)

Jesús Prado (UO)

Juan Morell (CB)

Laly (MU)

Laura (UO)

María Jesús (UO)

María Padilla (UO)

Marta Pato (CB)

Miguel Ángel (CB)

Pilar (CB)

Rocío López (CB)

Alikan (MU)

David (MU)

David Hermida (CB)

Emilio Rodríguez (CB)

Javier Azul (MU)

Jaime (UO)

Juan (CB)

Kristina Fernández (CB)

Libertad (UO)

Pepe (MU)

Maite Navarro (CB)

Nelson (MU)

Rosa (UO)

Tzununpa (CB)

Escritura Creativa 150215

Sesión de Escritura Creativa en Madrid organizada por el Club de Lectura Ciervo Blanco - 150215
15/02/2015
17:00

RELATOS PRESENTADOS [br] Relato Ganador: Eva Pérez: En el andén oscuro [br] Finalistas: Joaquín García: El Proscrito / Maureen Lukas: Why Was Life Like This?

Eva Pérez: En el andén oscuro

En el andén oscuro por Eva Pérez

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Allí estaba yo, hundido en la estación subterránea. Esperando al comprador de la sustancia ilegal que descubrí por casualidad. Una nueva droga llamada “brismaína”, cuyos efectos podían cambiar por completo el panorama político del planeta. Sí, había ideado una droga capaz de hacer firmar la paz a los ucranianos, de solucionar el problema del terrorismo y de unir a todo el mundo bajo una misma bandera: la de la paz.

No es que buscara eso exactamente cuando la inventé, en realidad trataba de curarme un constipado. Mezclé penicilina con jarabe para la tos y un fármaco casero hecho a base de propoleo y caramelos mentolados. Al poco de tomarlo hice las paces con mi novia. Pero más raro aún fue descubrir que mi perro de presa, Brutus,  y mi gato, Bufidos, que lamieron unas gotas del suelo, dormían juntos plácidamente cuando antes intentaban matarse. Probé a darle la mezcla al niño de los vecinos que destrozaba las flores del jardín y descubrí con estupor que las replantaba amorosamente.

– ¿Qué es esto? –dije sorprendido.

¡Había encontrado la droga de la felicidad!

Por desgracia, antes de que llegara el comprador aparecieron ellos: representantes del mundo de la publicidad.

– Te compramos tu droga milagrosa. Queremos destruirla.

– ¿Por qué? –pregunté, aceptando su maletín con dos millones de euros-, ¿por qué destruirla?

– Porque si la gente se da cuenta de que es feliz aunque no tome coca-cola, ¡¡estamos hundidos!!

Sólo espero que nos demos cuenta de la “brismaína” que llevamos dentro.

Joaquín García: El Proscrito

El Proscrito por Joaquín García Montero

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Todo comenzó aquel fatídico 27 de Noviembre de 1978, fecha en la que alguien o algo decidió traerme a este mundo sin libro de ruta, ni guía de supervivencia.

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Aquí creen que la libertad es elegir marcas y modelos, jugar a estar sin ser, hablar sin haber vivido, culpar a otros del propio yerro.

Triunfa la deslealtad, los engaños y chantajes. Se convence con presión y acosos lacerantes.

Nadie tiene tiempo para pensar en los demás, porque lo invierten en satisfacer sus propios deseos y exhibirse en una hipócrita mascarada carnavalesca.

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Tal fue mi desubicación, que decidí zambullirme en el mar de delirios, única forma de evasión absoluta que encontré por el camino.

Como premio, la sociedad me otorgó el título honorífico de loco trastornado, más que un estigma un halago, habida cuenta lo que entienden por cuerdo y normal aquí.

…………………………………………………………………………………………….

Ahora vivo en la calle, dicen que soy un sin techo. ¡¡¡¡Ja, ja, ja!!!! ¿Cómo puede necesitar techo quien ha perforado las barreras de los prejuicios, derribado los muros de las relaciones tóxicas y saltado la línea del equilibrio mental, cayendo al vacío abismal.….y sin red?

Hoy he pedido a mi vieja cámara que me haga esta foto, entre el fósil y la flor, porque es así como me siento, por fuera y por dentro, con ventura y repugnancia, con dolores de barriga, por tanta emoción vivida, por tan voraz arrogancia y por el garrafón que me han dado en la tasca de la esquina.

Maureen Lukas: Why was life like this?

Why was life like this? por Maureen Lukas

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It had been many years since he had thought about that.  Maybe he´d never really thought about it. Not properly.

So, why was life like this? Why here? Why now did it hit him so hard? He couldn´t even look at it directly, couldn´t turn around.

The photograph of the flower had been hung in the station probably as an afterthought, something inoffensive, random.  It couldn´t possibly have any meaning to anyone.  But there he was, with his head in his hand, sobbing.

He hadn´t cried seven years ago at the hospital when the doctors with their too kindly, too understanding faces had given him the final news, he hadn´t cried at the funeral, or visits to the cemetery or the first Christmas without her or any of the, now ironic, birthdays.

But a simple memory of coming home from school one day, one random, meaningless day, and seeing her arranging the flowers in a vase, now struck him in a cruelly poignant way.

And he tried to fight it, but the last train left the station and there was no one else around.

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¿Por qué era la vida así? por Maureen Lukas

Habían pasado muchos años desde que pensara en ello. Quizá nunca lo había pensado realmente. No de verdad.

Así que, ¿por qué era la vida así? ¿Por qué aquí? ¿Por qué le golpeó ahora con tanta fuerza? Ni siquiera podía mirarla directamente, no podía girarse.

La fotografía de la flor se había colgado como un añadido, algo inofensivo, aleatorio. No era posible que tuviera un significado para nadie. Pero allí estaba, con su cabeza entre las manos, sollozando.

No había llorado hacía siete años en el hospital cuando los médicos, con sus demasiado amable, demasiado comprensivas caras, le había dado la noticia final, no había llorado en el funeral, ni en las visitas al cementerio o en las primeras navidades sin ella o en los, ahora irónicos, cumpleaños.

Pero un recuerdo sencillo de venir a casa desde el colegio un día, un aleatorio, nada importante día, y verla arreglando las flores en un jarrón, ahora le golpeó de una forma cruel y venenosa.

E intentó combatirlo, pero el último tren dejó la estación y no había nadie alrededor.

Pepe: Nocturno en Hampstead Gardens

Nocturno en Hampstead Gardens por Pepe

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“Su contemplación produce espanto y temor,
como si estuvierais ante un profundo abismo,
como si os aventuraseis sobre una delgada capa de hielo.”

Cefalú, Sicilia. Finales de 1928

Por fin conoció a la Bestia: su aliento pestilente, sus pezuñas caprinas, sus ojos insondables, toda su inmundicia. Había tenido un encuentro con la Bestia. Y esta le había roto el alma: la Bestia no le acogió en su regazo.

Por la ventana, Saturno, la Luna y un cometa se recortan sobre el cielo.

Londres. Enero de 2015

A mi alrededor todo es desolación y tierra baldía.

El último tren ya partió y pronto se apagarán las luces en la estación de Hampstead Gardens.

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http://tallerdeletrascasapepe.blogspot.com.es/

Kristina Fernández: Los hombres también lloran

Los hombres también lloran por Kristina Fernández

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Estoy empezando a sentirme extraño, hace una hora que ya deberíamos habernos encontrado, me encuentro en el punto exacto pero vuelvo a comprobar las coordenadas. Tenemos prohibido utilizar el intercomunicador, salvo en casos muy extremos.

La situación es preocupante y empiezo a sospechar que todo va mal, que algo ha fallado, que nunca volveremos a casa, el recuerdo de mi adorada Eliezen me produce un gran pesar y por primera vez noto que se aceleran los latidos del corazón de este cuerpo que ocupé hace una semana, algo húmedo brota de los ojos, mientras una especie de nudo atenaza la garganta. Me dejo caer en el banco del andén y tapo la cara con las manos, abandonándome a la desconocida sensación.

Siento una presión en el hombro y al levantar la cabeza veo a mi comandante. El cuerpo cambia su compás interior hasta hacerse más sereno, seco la persistente humedad con el dorso de la mano.

– Comandante ¿a qué se ha debido este retraso?, pregunto aún nervioso.

– Tranquilo soldado, necesitábamos hacer un último experimento. Ya sabemos que los ojos de las hembras terrestres segregan el líquido que estábamos buscando, solo hay que someterlas a situaciones indeseables. Queríamos comprobar si los machos tienen también esa capacidad.
Será fácil exprimir a estos seres, volvemos a Alpha Centauro, hay que planear la invasión.

Laly: Lo que sienten los dioses

Lo que sienten los dioses por Laly

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Lo miro, ahí sentado en este andén de metro. Busco una historia para este chico con pantalón de chándal. Me pregunto si espera el último metro o el primero del día siguiente. Son muchas las ficciones que podría escribir sobre él, son casi infinitas. Su postura me lleva a especular: que está dormido, que su equipo perdió el partido, que está cansado, que su chica lo ha dejado, que él ha dejado a su chica, que ama a un chico, que siente culpa, que acaba de apuñalar, ¿ y por qué no puede ser puede que alguien lo ha echado a en mala hora? También cabe la posibilidad de que Juan, así lo quiero nombrar, se tape la cara para que no se le escapen recuerdos de momentos de felicidad recién experimentados.

Dudo, no me atrevo con ninguna ficción. Necesito un rostro, más gestos, también unos ojos que miren hacia alguna parte, o al vacio. Sin ellos su historia me resulta confusa, simple o turbia. Faltan cabos que atar. Las posibilidades crear la fantasía de una vida son tan amplias como azarosas.

De nuevo lo miro y miro la flor y al esqueleto de la tortuga, son las imágenes apropiadas para el escenario esta ficción. Ellas controvierten a las emociones, representan la maraña que finalmente he imaginado que él debe sentir. Porque ahora su vida está en mis manos.

¿Será esto lo que sienten los dioses?

Pilar Cuevas: Decisión

Decisión por Pilar Cuevas

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¿Cómo había llegado a esa situación?, se pregunta insistentemente. Estaba agotado, sabía que en breves minutos llegaría un tren. Esa era la mecánica que había descubierto en los días que llevaba perdido. Cada vez que pensaba en lo que haría una vez que estuviese fuera, pasaba un tren que le llevaba a otra estación sin salida. Había buscado por todos los espacios por donde poder salir, pero como en un circuito, terminaba en otra estación. Allí de nuevo, un pensamiento surgía, y un tren llegaba, se paraba y abría sus puertas como si de un recepcionista se tratase. Podía subir o no, pero cada vez que lo había hecho el destino había sido el mismo, otra estación sin salida.

¡Cuánto tiempo llevaba en ese entramado de vías, de espacios en blanco y negro, de luces a medio iluminar , respirando el aire denso que desprendían los trenes, habitando en un lugar cerrado, sin vida!

Desesperado se inclinó, apoyo los codos en sus rodillas, se cubrió el rostro con las manos. No sabía qué hacer, sentía que sus fuerza flaqueaban, pero lo que más temía era perder la cordura. Fue entonces cuando sintió una leve brisa a sus espaldas. Se levantó, giró la cabeza y vio como una nube se deshacía. En ese momento ante sus ojos, surgieron dos salidas con luz, color, vida. ¡Por fin!, tenía que elegir de nuevo, pero esta vez, el camino era distinto.

Juan Morell Prats: El joven hundió su cabeza

El joven hundió su cabeza por Juan Morell Prats

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El joven hundió su cabeza entre sus manos. Séis chupitos de tequila, cuatro copas de vodka limón, un gramo de cocaína.

“Menuda noche” Respiró profundamente, nauseabundo “el puto bajón de la coca…”

Levantó la cabeza peleando contra la gravedad. Le costaba enfocar la vista y el mundo a su alrededor daba vueltas. Observó la fotografía que tenía enfrente.

“No recordaba que estuviera en blanco y negro”

Miró de lado a lado de la estación. Se puso en pié con un movimiento espasmódico. Se miró las manos, grises; su sudadera, otrora color granate, casi negra; sus zapatos seguían siendo tan blancos como siempre, pero el logo de Nike era gris oscuro. Las manos y la sudadera y las zapatillas: una monocromía insípida. Estaba solo en el andén. Los dígitos naranjas, es decir, grises, de la pantalla vaticinaban la llegada de un tren en dos minutos.

“Habrá gente dentro, alguien sabrá lo que está pasando”

Golpeó los botones en las puertas del vagón, iluminando en gris lo que debiera haber iluminado en verde, y entró a trompicones sin dejar que las puertas se abrieran del todo. Hiperventilaba en el centro del vagón con los ojos medio salidos de sus cuencas moviéndose maníacos. El viejo borracho que dormitaba con la boca abierta no reparó en él, pero dos negros interrumpieron su conversación, volteándose para mirarle.

“¿Qué pasa amigo?”

“¿Es que acaso no veis lo que yo veo? ¿en lo que se ha convertido el mundo?” Pero nadie escuchó sus palabras.

Rosa Poza: Tras dos años de sequía

Tras dos años de sequía por Rosa Poza

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¡La madre que me pario! Esto no puede ser verdad, no me puede estar pasando. Y yo que me las prometía tan felices. ¿Por qué, por qué y por qué?

Sea como fuere, no puedo ir, no en este estado.

Dos largos años de sequía dan para muchos malos pensamientos ¡me cago en “to” lo que se menea! Y hoy, justo hoy que se acababa la sequía, que ella, una mujer, había aceptado una cita conmigo…, no me queda más remedio que hacer de pensador de Rodín.

Lo tenía todo pensado y preparado: película para caldear el ambiente “cincuenta sombras de Grey”, cena romántica en “La Bodega de los Secretos”, y por último un bailecito “amarrado”, todo pagado y reservado. Sin embargo, no puedo ir a la cita, ¡maldito apretón!

Como me voy a presentar delante de ella, de una mujer, y minuto si, minuto también desaparecer en el aseo.

¡Maldita sea mi estampa!, mucho me temo que la sequía seguirá, a no ser que mi maltrecha mente sea capaz de inventarse una disculpa maravillosa y creíble.

Maricarmen Padilla Nallar: No quiero verte más

No quiero verte más por Maricarmen Padilla Nallar

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No quiero verte mas! – gritaba Lucía -como si alguien muy malo ,estuviera cerca de ella!

No quiero verte más , como un eco ,se repetía a sí mismo Juan.

 

No quiero verte , más …repetía el eco .NO quiero verte más.

 

Desolado , abatido, triste y solo ..así estaba Juan.

 

No se daba cuenta  , que solo debía darse vuelta para descubrir la belleza que lo rodeaba.

 

La  rosa ,  se compadeció de él y empezó a despedir su perfume, abrirse, aumentar su color……

La tortuga salió del cuadro y le dio un mordisco

Pero Juan hundidos en sus pensamientos , no respondía.

No podía ni ver …ni sentir , ni oler…

El guarda del museo , ya venía a sacarlo, rostros tristes aquí no queremos-dijo autoritariamente.

 

Desde la mañana estaba allí, sin moverse…el eco en su mente sonaba..

Eco…Eco..Eco..ec…..e….

Algo ocurrió , le dio hambre, empezó a dolerle el estómago, y se  dió cuenta , que no llevaba DINERO, NI COMIDA. Se levantó…y se quedo mirando a la rosa, sonrió.

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http://renovartuvida.blogspot.com.es

Cristina García-Quismondo: El WhatsApp

El WhatsApp por Cristina García-Quismondo

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“Te mando un beso”… ¡Ay! Me manda un beso… Cuando lo leo, así, de repente, se me sube el corazón a la garganta, me brota una sonrisa nerviosa y empiezo a respirar como más deprisa. Después me quedo estupefacto, nervioso… como con el estómago encogido… Claramente es un beso de amor, algo romántico…

No sé qué contestar… Es extraño… ¿Que le envío otro beso? Pero si le mando un beso, ¿Le mando un beso y ya? ¿O le pregunto cómo está? ¿Y por qué no me lo pregunta ella? ¿Será que sólo quiere enviarme un beso… y nada más…?

A lo mejor no es un beso tan romántico y profundo como me creo y si respondo mal, podría hacer el ridículo… A lo mejor no es más que un saludo normal… Tal vez una despedida… Al fin y al cabo, ¿no nos mandamos besos para despedirnos?

Ffff…. Está claro que no quiere hablarme…. Yo creía que había algo entre nosotros, pero ella no es clara, es inmadura…

Está jugando conmigo. No voy a contestarla.

David: La Noche de los Museos

La Noche de los Museos por David

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Rachel se lo había advertido. Aquella noche era mágica, pero Kevin no quiso creerla y se descojonó en su cara. Se vistió como siempre, en plan macarrilla de tres al cuarto, con su chupa negra de cuero, su chándal negro, sus botas negras y su gorro gris. Salió de casa como si nada.

Era la Noche de los Museos. Rachel le recalcó que no lo resistiría, pero a Kevin se la sudaba lo que dijera su novia. Quedaron para ver una exposición de fotografía contemporánea. A ella le pirraban esas cosas y Kevin quería complacerla, porque estaba enamorado.

Una flor, una tortuga… Rachel comentaba con ahínco cada fotografía, mientras que Kevin lo sufría en silencio.

De pronto, Kevin comenzó a sentirse mal. «¿Qué cojones me pasa?», se dijo. Tuvo que sentarse en un banco de la sala y se llevó las manos a la cabeza. Parecía que le iba a explotar…

«No te preocupes, cariño. Pronto serás como nosotros…», le susurró Rachel al oído y se apartó. Entonces Kevin comenzó a gritar y a convulsionarse.

Unos minutos más tarde terminó todo. El nuevo Kevin lucía larga melena, barba poblada, gafas gruesas de pasta, camisa de leñador a cuadros, vaqueros gastados y zapatillas New Balance. El influjo de lo «cool» lo había transformado, a su pesar, en hombre lobo «hipster»…

Juan Montero: El Paraíso

El Paraíso por Juan Montero

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Detesto a los negros, a los moros, a las putas y a los maricones; denigran la condición humana. Me dan asco los judíos, los chinos, los sudacas; los odio, aborrezco a esa escoria. Debemos exterminarlos, aplastar sus sucios cuerpos como cucarachas. Si por mí fuera, construiría cientos, que digo cientos, miles de cámaras de gas. Pero el maestro no quiere, no cree oportuno un enfrentamiento directo, sino una retirada al Paraíso, donde viviremos sin esa basura de la humanidad. Y no le falta razón, humillarnos manchando las manos con sangre no tiene sentido. No es cobardía, sino inteligencia, esa cualidad que distingue al apestoso de nuestra raza; ¿pero cuánto tardan? Estoy harto de esperar, ¿se habrán olvidado de mi? Ya vendí mis pertenencias y entregué el dinero que arderá en la hoguera. Allí, no es necesario. Él nos protegerá. Nos proveerá de alimentos y cuidados, velará por nuestras almas y asegurará nuestros hogares, y, ¿a cambio de qué?, de nada, simplemente altruismo y generosidad. Somos sus elegidos, no le podemos defraudar. ¡Pero por Dios cuánto tardan! Más de dos horas de espera, ¿cuándo van a llegar?

Kristina Fernández: Los hombres también lloran

Los hombres también lloran por Kristina Fernández

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Estoy empezando a sentirme extraño, hace una hora que ya deberíamos habernos encontrado, me encuentro en el punto exacto pero vuelvo a comprobar las coordenadas. Tenemos prohibido utilizar el intercomunicador, salvo en casos muy extremos.

La situación es preocupante y empiezo a sospechar que todo va mal, que algo ha fallado, que nunca volveremos a casa, el recuerdo de mi adorada Eliezen me produce un gran pesar y por primera vez noto que se aceleran los latidos del corazón de este cuerpo que ocupé hace una semana, algo húmedo brota de los ojos, mientras una especie de nudo atenaza la garganta. Me dejo caer en el banco del andén y tapo la cara con las manos, abandonándome a la desconocida sensación.

Siento una presión en el hombro y al levantar la cabeza veo a mi comandante. El cuerpo cambia su compás interior hasta hacerse más sereno, seco la persistente humedad con el dorso de la mano.

– Comandante ¿a qué se ha debido este retraso?, pregunto aún nervioso.

– Tranquilo soldado, necesitábamos hacer un último experimento. Ya sabemos que los ojos de las hembras terrestres segregan el líquido que estábamos buscando, solo hay que someterlas a situaciones indeseables. Queríamos comprobar si los machos tienen también esa capacidad.
Será fácil exprimir a estos seres, volvemos a Alpha Centauro, hay que planear la invasión.

Mª Jesús Martínez: El Precio del Emigrante

El Precio del Emigrante por María Jesús Martínez del Campo

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(Homenaje a mi querido amigo Luis Segura)

 

Cuando vino a España,  sin papeles, Luis Fernando Mendoza, pensó que la fiebre del Dorado que había llevado a sus antepasados a querer apropiarse de los tesoros colombianos, le devolverían a él como tributo,  la tranquilidad que no encontraba en su tierra natal.

Nunca sospechó,  cuando atravesó el océano, que encontraría un país azotado por una  crisis económica, y con inciertas previsiones de futuro.

No se amilanó, luchó malviviendo con trabajos precarios, soportó la xenofobia del emigrante e incluso se permitió rehuir  la tentación de los kárteles de la mafia que lo acechaban por doquier, prometiendo  sacarle de la situación de pobreza en la que se encontraba.

Sólo la  esperanza y el  tesón para seguir luchando, fueron sus únicas armas para combatir una vida que le daba la espalda.

Pasaron los años,  los recuerdos se fueron alejando de su mente, al mismo tiempo que la costumbre y los hábitos se fueron instalando en una vida más próspera. De vez en cuando, miraba las fotos de sus hijos, sin detenerse en detalles, mientras acariciaba la caja que contenía los escasos recuerdos, que había traído consigo, y que aún conservaba, con nostalgia.

Hoy era un día, como otro cualquiera, camino del trabajo, en un rincón del metro, escuchó  una melodía que le sonó familiar, se sentó en un banco del andén con la mirada perdida y se llevó las manos a la cara para ocultar las lágrimas, éstas que no pudo derramar cuando llegó, por no tener tiempo de pararse a sentir el pasado. Ahora, sabía que ya nunca iba a regresar.

Rocío López de Diego: A, B y luego C

A, B, y luego C. por Rocío López de Diego

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Calculo bien, pero algo ha pasado. No puedo volver a mirar.

Sigo el protocolo, A, B y después C.
Lo he escrito mil veces, primero A, luego B y después C.

Lo tenía perfectamente medido: A, B, y luego C. Algo ha pasado.
Si pudiera volver a mirar.

Mi protocolo está claro: A, B y luego C.
No me perdonarían. Sólo pueden ser A, B y C.

Aquí estaba a salvo, algo ha pasado.
He visto no una, sino dos. He visto dos distintas.
Sólo pueden ser A, B, y C.

Aquí podía venir, líneas A, B y C. Sólo A, B y C.
Ahora no puedo volver a mirar. Hay dos más.

Tengo que pensar.

Ya sé, les diré que son casi las mismas, una como la B pero sin cerrar.
Y otra como la C dada la vuelta, y cerrándola.
Así podré levantarme y salir.

No sé cómo se llaman, y no están en mi protocolo.
En mi protocolo sólo están A, B, y C.

Espero que funcione, y que no se den cuenta.

Petra Bueno: Sentimos Comunicarle

Sentimos Comunicarle por Petra Bueno

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«Estimado Valentín: Sentimos comunicarle que, en virtud del actual Expediente de Regulación de Empleo nos vemos obligados a prescindir de sus servicios. Esta empresa pone a su disposición liquidación en cheque adjunto… bla bla bla… … agradeciendo su colaboración a lo largo de estos años…. bla bla bla…»

Firmo sin terminar de leer, letras asépticas que me hablan de un «No vuelva usted mañana», mejor habría sido en cualquier ventanilla que en este momento.

Demasiados costes demasiados años, y un bajo promedio de éxitos que esgrimen ferozmente… que sabrán ellos, ocupados siempre en «cuestiones mayores».

Anticipé este final desde que los de la 3ª, carpetas y portátiles en mano, llegaron con su rimbombante «Estudio estadístico sobre objetivos del Departamento».

Nunca se me dieron bien los números más allá del par; sus conclusiones hablaban de exceso de impares, tríos y hasta cuartetos, todo peligrosamente alejado de la normativa imperante.

Resultados que manifiestan reglas caducas, gritos de épocas que necesitan otras ideas, aires frescos que piden entrada… pero nadie piensa en revisar, el miedo a lo nuevo es un muro tan oscuro e insondable como el más profundo abismo…

El ascensor baja en un largo recorrido desde la última planta, medito sobre todo lo que quedó a medias: acuerdos a punto de cerrar, expedientes pendientes de revisión, potenciales clientes que no serán atendidos..me invade la frustración y me dejó caer sobre el banco de la entrada…solo a ellos se les ocurre plantear un E.R.E al amor.

Emilio Rodríguez: ¿Niño estás bien?

¿Niño estás bien? por Emilio Rodríguez

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-¿Niño estás bien?

 -¿Perdone?

 -Sí, que si estás bien. Llevas media hora mirando ese cuadro y ahora te has quedado ahí con la cabeza «gacha».

 -Ah, no, no. Estoy bien. Estaba pensando. Me gusta mucho esta obra. ¿Sabe?

 -¿Ah sí? Pues no sé chico. Yo no veo nada. ¿Tu ves algo?

 -Bueno más que ver siento, me dice algo. No sé señora. Usa un lenguaje visual de forma y color para crear una composición que puede existir con independencia de referencias visuales del …

 -¿Puedes levantar los pies?

 -¿Cómo?

 -¿Qué si puedes levantar los pies para que pase la mopa?

 -Ah, sí, sí, claro.

 -¡Ya está! Jaja te encantarían los dibujos de mi hijo el pequeño. A mi también me gustan mucho los cuadros. ¿Sabes? En la tercera planta hay uno de unos ciervos junto a un lago que me encanta. ¡Parecen que están vivos! Bueno, sigo que me quedan dos plantas.

 Él permaneció en el banco pensativo:

 -¡Qué viaje! Ha merecido la pena. Meses consultando el catálogo histórico, decidiendo la exposición, la ciudad, un año y medio ahorrando para el viaje espaciotemporal. Y por fin disfrutar de esta genialidad en vivo. Las pinceladas, las texturas. Nada que ver con las representaciones estereoscopicas de la biblioteca virtual. Y además esta maravilla de documento historicoetnográfico. Mis compañeros de la biofactoria no se lo van a creer cuando vean la retinograbación.

Decididamente ha merecido la pena.

Yvonne Escribano: El esquizofrénico

El esquizofrénico por Yvonne Escribano

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El esquizofrénico caminaba tranquilo por los pasillos. Le habían dado su medicación y la salida cultural había comenzado.

 

Señor desnudo tras señor desnudo, había aguantado estoicamente las horas de interminable suplicio a las que el guía, armado con un megáfono, les sometía.

 

Ya casi había terminado el tour cuando lo vio: el ala del surrealismo. Les habían prohibido terminantemente ir a esas salas, bajo pena de quedarse una semana sin ver al Correcaminos en la pequeña televisión de la sala común.

 

Por un momento, dudó. ¿Qué más daba? Seguro que hoy tampoco cogía al condenado pajarraco.

 

Así que entró. Y lo que vio ahí dentro le fascinó. Cuadro tras cuadro las formas y colores se desdibujaban formando algo nuevo, algo extraño y cambiante, sin ninguna lógica. Se dejó caer sobre un banco y enterró la cabeza en las manos mientras sofocaba una carcajada. Un único pensamiento, que se había deslizado entre los algodones de las medicinas, flotaba en su cabeza:

 

No estaba solo. Se sentía a salvo, en casa. Contemplando todos esos cuadros se había dado cuenta de que, en el fondo, todos estaban tan locos como él.

Adrián Díaz: Se lo merecían

Se lo merecían por Adrián Díaz

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Habían sido desagradables con él.

Eso lo tenía muy claro. De entre el mar de dudas que le acompañaba invariablemente en su vida cotidiana, aquello le resultaba de una certeza imperecedera: habían sido desagradables con él.

Y se lo merecían.

“Si no se hace justicia”, decían los gitanos, “la hacemos nosotros”. Nada más cierto en el mundo. Aquella gente del metro había sido desagradable con él y a nadie parecía importarle. Bien, pues iba a hacer que les importara. A todos. Iban a sufrir el latigazo del karma instantáneo y saldría en las noticias, en los periódicos, en el puto Twitter. La gente lo comentaría por WhatsApp durante años. Aprenderían a no ser desagradables con los desconocidos en el metro.

No es que a los muertos les fuera a servir de mucho. Pero el mundo aprendería. El resto aprendería.

Y no había sido fácil. Conseguir los materiales no, al menos. Aprender a construirla era más sencillo. Había manuales detallados en Internet.

Había puesto tres bombas.

El mar de dudas no cesaba, pero aquello lo tenía muy claro: habían sido desagradables con él y cuando escucharan el estallido de las tres detonaciones, y murieran, lo entenderían. Y se arrepentirían aunque no fueran a tener tiempo de pedirle perdón.

Se lo merecían. Al fin y al cabo, coño, ponía en todas partes “dejen salir antes de entrar”. ¿Por qué coño, aquél día, la marabunta de gente había entrado sin dejarle salir primero, haciendo que tuviera que bajarse en la siguiente estación?

Se lo merecían.

Siempre puedes escribir tu relato y enviárnoslo, aunque no estuvieses en la sesión, para que sea leído e incluido en el libro recopilatorio: contacta.

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Adrián Díaz: Llegaba Tarde

Llegaba Tarde por Adrián Díaz

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¡No iba a llegar a tiempo y estaba todo preparado! El Gran Creador de Lluvia tenía programada la llovizna a las siete. El Maestro Inventor de Nubes había posicionado ya sus cúmulos a las siete y diez. Los rayos de la Diosa Generadora de Luz entrarían en posición a y cuarto.

Sólo faltaba él, el Ilustre Diseñador de Arcoiris, para que los humanos pudieran disfrutar la estampa.

Aceleró.

David: Arcoiris sobre el asfalto

Arcoiris sobre el asfalto por David

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Damián no era un artista convencional. Siempre buscaba expresar su deslumbrante vida interior de las maneras más insospechadas. Por eso había buscado aquel curro de camionero para la empresa de pinturas.

Aquella era la mañana en que lo haría. Escribió la nota de suicidio en la cabina mientras se bebía media botella de ron. Arrancó y se incorporó a la circulación.

Cuando llegó a la curva pisó a fondo el acelerador. El camión volcó y Damián salió despedido muriendo en el acto. Los botes de pintura se abrieron y formaron un arcoiris sobre el asfalto.

Cristina García-Quismondo: Hay accidentes mejores y peores

Hay accidentes mejores y peores por Cristina García-Quismondo

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Hay accidentes mejores y peores. El año pasado, por ejemplo, un vertido de petroleo en el Guaire mató a todos los peces del río… Ese fue de los malos…

Pero, esta vez, había sido un bello accidente. Un camión de pinturas de colores había volcado sobre la vieja carretera sin rehabilitar, tiñendo de arco iris el camino hacia el mercado .

A partir de aquel día, a los pobladores de la zona les brota una alegre sonrisa después de recorrer caminando los varios kilómetros que les separan del lugar de abasto.

Rosa Poza: Estela

Estela por Rosa Poza

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No era domingo pero se puso sus mejores galas y así, tan bonita, salió a la carretera y la lleno de colores: verdes, azules, blancos rojos…, todos bien conjuntados  y en armonía. Paseo su figura y a su paso dejó una estela de luminosidad que alguien se decidió seguir, hasta que de repente se salió del camino y provocó tal catástrofe que al día siguiente el periódico local en su primera página lo tituló: “Si quieres emoción sigue la estela”

Belén: Tenía muchas ilusiones

Tenía muchas ilusiones por Belén

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Tenía muchas ilusiones, la vida la veía de múltiples colores, cuando una gran barbarie ocurrió y se volcó toda mi pasión. Mis sueños se habían ido a pique, mis expectativas se desmoronaban, todo se caía de la montaña que tanto me había costado escalar. Lo veía todo por el suelo: Mis sueños, mis deseos, mis anhelos; todo ese arco iris maravilloso, se convirtió en un fango pringoso y pegajoso, de un color horrible al que todos veían aborrecible.

Yvonne Escribano: Maya y los leprechaun

Maya y los leprechaun por Yvonne Escribano

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Maya miraba asombrada cómo el arcoíris se desparramaba sobre el asfalto. Su boca, adornada con huecos donde debería haber piezas dentales, se abría en una O perfecta mientras miraba con determinación la carretera.

A sus cinco añitos de edad nadie habría podido tildarla de cobarde. Tenía las cosas muy claras: cuando se apagaban las luces, esperaba a que mamá le diera el beso de buenas noches antes de sacar su linterna y sumergirse entre las páginas. De ellas había sacado su misión, preparándose para este día:

Maya tenía que seguir el arcoíris y robarle todo su oro a los leprechaun.

Pepe: Donde habitan los colores

Donde habitan los colores por Pepe

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Si una bochornosa tarde veraniega, el concejal de transportes del tan próspero como corrupto ayuntamiento marbellí abandonase su pesadilla de siesta con aire acondicionado -donde un grupo de ‘desarropaos’ le persigue hasta el catre al grito de “Yes we can”- y se encaminase hacia la comarcal 406, podría comprobar con sus propios ojos, cómo desde allí se puede ascender al cielo donde habitan los colores. Sin necesidad de balantains, jotabés ni cualquier otra sustancia psicotrópica.

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http://tallerdeletrascasapepe.blogspot.com.es/

Siempre puedes escribir tu relato y enviárnoslo, aunque no estuvieses en la sesión, para que sea leído e incluido en el libro recopilatorio: contacta.
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Rocio
Rocio
7 years hace

Hola, lamento no haber podido asistir al encuentro de ayer dom. 15
estoy deseando ver quien es el ganad@r, mi favorito era Emilio Rodríguez.
Saludos, Rocío

Pepe
Pepe
7 years hace

Curiosamente la última frase de Maureen Lukas:
«… but the last train left the station and there was no one else around.»
tiene un aire de complicidad con la última de mi relato:
«A mi alrededor todo es desolación y tierra baldía. El último tren ya partió y pronto se apagarán las luces en la estación de Hampstead Gardens»

El mundo es un pañuelo. De lágrimas según el libro de Job.
Nos vemos esta tarde: chau ¡¡¡

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