Escritura Creativa 150131 – El Reloj

Sesión Ciervo Blanco de ESCRITURA CREATIVA en Madrid:

1 Imagen 250 Palabras

Taller Escritura Creativa Madrid Ciervo Blanco 150201
(pulsa para agrandar)

Objetivo y Funcionamiento

El objetivo es escribir un microrrelato original e inédito, de contenido y forma libres, basado en la fotografía presentada. Cada semana se ofrece una imagen distinta como disparador creativo.

El texto debe ser un relato breve de un máximo de 250 palabras. Esto es importante debido al tiempo; los textos que superen las 250 palabras no serán leídos en la sesión, ni podrán ser votados.

Durante las reuniones cada autor lee en voz alta su creación, se comentan las obras y al final del encuentro se vota al mejor texto.

La asistencia es libre y gratuita. Es imprescindible escribir un relato basado en la imagen de un máximo de 250 palabras para poder acudir y participar.

Información sobre evento

Sesión de Escritura Creativa 150131

Cuándo: Sábado 31/01/15 a las 18:00

Dónde: Cicero Canary – C/ Altamirano, 16 – Argüelles, Madrid

Apúntate pulsando «Reservar«:

Plazo de reserva finalizado

Lista de Asistentes

Lista de asistentes (incluyendo todas las redes):

Adrián Díaz (CBO)

Araceli (MU)

Cristina (CB)

Gorka González (MU)

Javier Azul (MU)

José Ramón (CB)

Juan (MU)

Leire (MU)

Madrizeleño (MU)

Petra Bueno (CB)

Rhiannon (MU)

Silvia (CB)

Victoria (CB)

Ana Pielfort (CB)

Cristina (CB)

José Luis (CB)

Ishmael Kavalier (CBO)

Laura (CB)

Marta Pato (CB)

Miguel Ángel (MU)

Paula (MU)

Pepe (MU)

Rocío (CB)

Rosa (MU)

Escritura Creativa 150131

Sesión de escritura creativa en Madrid en el taller literario Ciervo Blanco 150131.
31/01/2015
18:00

RELATOS PRESENTADOS [br] Relato Ganador: El Reloj, por Rocío López [br] Finalista: Quinto fin de año, por Miguel Ángel

El Reloj

El Reloj por Rocío López de Diego

[br]

Quisiste morir en casa.

Dormí a tu lado una hora, y no recuerdo si te sostuve la mano o no; quisiera ahora estar segura de haberlo hecho.

Cumplimos tus deseos, sin visitas y con música de fondo.

El tanatorio que elegiste y el cementerio que tanto visitabas.

Te llevaron sin enterarnos, y los chicos estuvieron precisos con el Ocaso. Yo no pude.

Quise imitar tu actitud tan valiente, tan entero, sin una queja. Y no pude.

Instantes antes del final grité: ¡No quiero que se muera!

Después el funeral te hubiera gustado, con tu niña tan valiente hablando desde el púlpito. Yo no pude.

[br]

Volví a aquella otra iglesia, unos minutos antes de la hora y localicé el reloj.

Había elegido de entre tus herramientas las que me indicaste.

Lo destrocé cuando daba la hora, y los golpes se confundían con las campanadas.

Ya nunca volvería a tocar, se quedarían en el aire eterno sólo aquellas horas que marcaron el sí quiero en nuestra boda. Entonces sí pude.

Quinto fin de año

Quinto fin de año por Miguel Ángel

[br]

Sucedió al poco de mudarme al barrio antiguo, con el propósito de despistar al comisario Antúnez, que por entonces, no dejaba de hostigarme. Desde hacía cuatro años, la tradicional celebración de comer las uvas durante las doce campanadas en la Plaza, había sufrido una transformación. Consistía en lanzar las uvas contra el segundero del reloj y atinar sobre la manecilla. La gracia tuvo mucho éxito las dos primeras ediciones y llegó a congregar a muchos parroquianos, incluso familias enteras. Todo cambió a partir del tercer año. Los lanzadores más cafres, cambiaron las uvas por tomates y huevos. Al siguiente, lo normal era arrojar botellas vacías de sidra champanada y cava de mala calidad. Las familias y vecinos respetables, fueron los primeros en desaparecer. Adueñándose del lugar, decenas de jovenzuelos con ganas de bronca, y vagabundos borrachuzos, que lanzaban sus tetrabricks de vino barato. También se concentraba, el vecindario crítico con la última reforma arquitectónica de la plaza, aprovechando el evento para mostrar su indignación. Aunque la policía, no diferenciaba entre ninguno de estos grupos, a la hora de repartir. Otro colectivo fiel al acto eran los pequeños traficantes. Éstos hacían su agosto invernal, ante la imposibilidad de la policía para controlar, a todos los exaltados. Yo era uno de aquellos camellos, pero un día aprobé una oposición, y ahora me he pasado al bando de los buenos. Mientras, bajo mi casco de seguridad tintado, espero a que el oficial al mando de la orden, para cargar contra todos mis antiguos socios.

Todas Duelen, Sólo la Última Mata

Todas Duelen, Sólo la Última Mata por Pepe

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En las afueras de la pequeña aldea de Hillbury se levanta la taberna “Broken Arms”. Lewis Sinclair es su propietario. Si le invitas a una pinta es capaz de contarte su vida y milagros, pero si la invitación incluye tragos de escocés y dispones del tiempo suficiente, solo entonces te contará la verdadera historia de Big Black Blind.

Big Black no fue grande ni moreno, aunque nació ciego y ciego murió. Siendo niño su familia pereció la noche en que un incendio arrasó “Minor Farm”, la ruinosa granja que habitaban en las colinas que rodean Hillbury. El único superviviente, el pequeño Big Black, se sirvió de su ceguera para orientarse entre la espesa humareda y alcanzar la salida. El difunto Milton Sinclair, padre del actual propietario del “Broken Arms”, se apiadó del mocoso y le contrató como ayudante en su taberna. Lo que nadie sabe, porque a nadie contó salvo a su benefactor, es que durante todas y cada una de sus noches se repetía la misma pesadilla. El viejo reloj de la granja martilleaba su insistente tic tac y Big escuchaba cómo iban repicando una tras otra las campanadas. Cuando sonaban los cuartos que anteceden a las tres de la madrugada se despertaba aterrorizado. Tembloroso y bañado en sudor, se arrastraba hasta encontrar la puerta de salida. A la mañana siguiente, cuando aparecía por el “Broken Arms”, el viejo Señor Sinclair siempre le preguntaba lo mismo: “¿Cómo te encuentras, Big?” y él siempre gruñía:  Todas duelen. Solo la última mata”.

[hr]

http://tallerdeletrascasapepe.blogspot.com.es/

Con mucha historia

Con mucha historia por Petra Bueno

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Tiempo antes de venir a Madrid ya patrullaba destartalado las calles de Badajoz. Sin rumbo definido vagaba por la Plaza Alta, chancleteando torpemente por los adoquines, y esquivando como podía algún que otro casco de cerveza huérfano de contenido. Hace 40 años Serafín Salazar era el gitano más moreno, guapo y garboso que hubiera parido la provincia. Mucho vino después no quedaba de su altanera hechura ni el menor asomo.

Yurena Salazar Vargas, nieta del susodicho, cansada ya de las indirectas telefónicas de su prima Maria Débora, decidió ese lunes, cerrando firmemente el rosado Iphone, que el abuelo se vendría para Vallecas pero ya, por la gloria de su madre, y, para dar más valía al asunto, besó la cruz hecha con sus dedos, donde relucía la manicura perlada que tanto le gustaba al Jonathan.

Mientras lo montaban en el BMW, Serafín echó una mirada atrás, sabedor de su definitivo exilio; retuvo en su retina todo lo que pudo, para degustarlo suavemente cuando posara pies y alpargatas en su nueva casa. Lo último que vio fue el desvencijado reloj que coronaba la fachada del ayuntamiento, y se sintió como él, roto, desarmado y viejo, pero, al fin y al cabo, con mucha historia en sus tripas.

Pierre, el relojero

Pierre, el relojero por Juan

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«- Venid, que no os infunda respeto este humilde cuenta-cuentos. Acercaros y disfrutad del relato, no os costará mas que una pieza.- saqué la moneda del bolsillo y se la entregué al señor, aguardando con impaciencia escuchar la historia de Pierre, el célebre relojero que desafió a la Cuarta Dimensión.
– Aproximaros, no os perdáis el inicio que ya comienzo a narrar. – y entusiasmado, como cada tarde de domingo, me acomodé en las primeras filas del bar.

– El personaje del cuento habitaba un diminuto apartamento lindando con el río Sena. Y en este húmedo espacio pasaba las horas muertas ajustando, componiendo y reparando sus precisas maquinarias. Hasta aquí lo habitual, como cualquier relojero de esta hermosa ciudad. Pero un buen día, detuvo inconscientemente las agujas de un reloj, y como por arte de magia, el tiempo se congeló. Al principio, cohibido, las sujetaba unos minutos, luego, más audaz, durante horas, días, semanas, hasta años las mantuvo sin girar. Pero sabiendo que la naturaleza recupera lo cedido, esperaba, temeroso, el momento de pagar.

Y llegó. Una mañana de agosto las agujas se activaron con gran celeridad. No logró retenerlas, ni a martillazos consiguió que aminoraran. Adivinando el desastre contempló sus manos recientemente arrugadas. Se agotó el tiempo, pensó, y metiéndose en la cama, aguardó paciente al insalvable final. »

Malaespina

Malaespina por Araceli

[br]

Antonio Malaespina es un hombre bajo, rechoncho y calvo. El pelo que le falta en la cabeza, lo tiene en un rostro de generosa barbilla. La boca carnosa y desigual está casi siempre abierta, radiando un aliento que debe llevar años encerrado en un barco pesquero.
Y la mirada de sus ojos grandes y saltones tiene el susto de quien ha sido arrojado al presente sin una continuidad previa.

Antonio es “el manitas para los trabajos menores en la catedral de Santiago.

El abad es un hombre instruido, con un gusto exquisito por las antigüedades.
Tiene especial predilección por los relojes con carrillón, cosa que lleva en secreto por aquello de no levantar suspicacias acerca de su posible apego a los bienes materiales.

Su última adquisición, un reloj de gran valor propiedad de un antiguo conde veneciano.

Cerró el trato con el vendedor y, como siempre, pidió que se lo llevaran a la catedral a última hora de la noche para que no fuera visto.
Tras recibir el hermoso ejemplar, lo dejó en su despacho para examinarlo con la luz del día antes de llevarlo a su vivienda.

El manitas decidió acabar de barnizar los artesonados de los despachos esa misma noche.
Con aquella tenue luz eléctrica y el barniz siendo de tono oscuro, en apenas unos minutos le parecía que había acabado el trabajo.
Hasta que estando en cierto despacho encaramado en la escalera, perdió el equilibrio y fue a caer sobre algo que parecía un carrillón veneciano.

Entré en la habitación del pasado

Entré en la habitación del pasado por Kristina

[br]

Entré en la habitación del pasado,
recuerdos,
fotos viejas de rostros jóvenes,
un torbellino interior llega hasta mi piel,
El pasado, el pasado….
He sentido el tic-tac de todos los relojes
a la vez,
me estremezco,
a golpes los destruyo,
pero su sonido sigue golpeando mi sien
sal….. ¡corre….. huye…..¡
los sentimientos se enredan…
ven futuro, ven.

El reloj arrugado

El Reloj Arrugado por Victoria H.

[br]

!Por fin!  llegamos a la sala “La historia del tiempo”donde se exponen diferentes relojes mecánicos, más conocidos como antiguos. Testigos de acontecimientos donde alguno de estos relojes dejaron de latir al mismo tiempo que todo paraba, mientras otros aceleraron el ritmo de la historia. La curiosidad de estos relojes es, que cada uno marcó un momento histórico,en algunos,!si no en todos¡ el destino de toda una sociedad, dependió mayormente del ritmo de sus manecillas,pero entre todos esos relojes, me atrapó uno con título “Reloj arrugado”,su autor Gumersindo Orizabal,artista español polifacético y visionario,realizado íntegramente con material reciclado. Su obra produce vértigo,arruga el tiempo que nos atrapa y nos consume. Este reloj de aspecto fantasmagórico, parece irse descomponiendo  ante nuestros ojos, presenciando el final de un tiempo que no tiene marcha atrás.

Si un día de verano un zapatero

Si un día de verano un zapatero por Ismael Gómez García

[br]

El sol se hallaba en el cenit de uno de los días más calurosos de aquel verano del fin del mundo.

Entró y permaneció en silencio hasta que su vista se acomodó a la penumbra, tan densa que parecía enlatada.

Hola.

El viejo no dio muestras de haberla oído. Inclinado sobre su banco de trabajo, había respirado el aire de las palabras de Tatiana y las había convertido en más silencio.

Le traigo esto, dijo, y sacó un par de zapatos de una bolsa.

El viejo levantó la cabeza y enarcó las cejas, en su mirada el ascetismo de las soledades inexpugnables.

¿Y para qué quiere que le arregle unos zapatos… de fiesta? ¡Es el fin del mundo! ¡Robe otro par de cualquier sitio!, añadió, como si el mundo que acababa fuera uno, y la vieja zapatería del barrio, otro.

¡No!, protestó Tatiana. Quiero arreglar estos. Me da igual si hay más por ahí que pueda robar. Cuando todo acabe, quiero llevarlos puestos.

Lo siento, dijo el viejo, pero tengo demasiados encargos y no creo que me dé tiempo antes de…

Tatiana echó un vistazo a las estanterías, llenas de zapatos que nadie recogería ya.

Pero esos encargos son de antes de que…, empezó a decir.

Antes de que usted entrara por esa puerta, la interrumpió el viejo.

¡A nadie le importan!

¡A mí me importan!, exclamó el viejo, enjugándose el sudor de la frente con un pañuelo mientras bajaba la vista, para continuar con su trabajo.

El tiempo no existe

El tiempo no existe por Cristina García-Quismondo

[br]

El tiempo no existe. Existe la materia que cambia irreversiblemente de posición como reacción ante inevitables diferencias de energía. El tiempo no existe…. sólo un constante ir y venir de partículas, iones que atraviesan membranas celulares, electrones que saltan de uno a otro orbital, atraídos y repelidos por unos pequeños y potentes núcleos atómicos…

Hoy pude verlo cuando regresé a mi ciudad de la infancia. Poco a poco, el polvo había ido cayendo por gravedad, adhiriéndose a las superficies y generando un aumento general del volumen… Los edificios habían ido degradándose, abandonados a la suerte de la erosión y de la atracción de la tierra. Unos árboles habían crecido, entregados a una ósmosis radical, y otros se habían secado, entregados a la succión inevitable a que les somete la atmósfera… Y, por fin, nosotros…. Nosotros habíamos envejecido inevitablemente, abandonados a la suerte de una oxidación feroz que nos lleva, poco a poco, hacia la muerte….

Mientras paseaba por sus calles, me asaltaban los recuerdos, salpicados por cada uno de los recovecos urbanos… Recuerdos que, ordenados, me hacían creer en la existencia de una línea de tiempo… Una línea de tiempo de la que se agarraban, como podían, mis amigos de la adolescencia y mis primeros besos… Momentos recónditos y enganchados a todos los escondites que alcanzaba a recordar… Quise abarcar con mis brazos toda la enmarañada línea de tiempo, tan desagradablemente irreversible… Tan jodidamente unidireccional.

El reloj parado

El reloj parado por Paula OC

[br]

El tiempo vuela, el tiempo vuela!! Todos repetían lo mismo. Todos hacían tic tac, tic tac…, salvo ese viejo reloj roto que inmóvil observaba la vida pasar…

Recordaba su juventud con ese ritmo incesante, tratando de no adelantarse ni de retrasarse, buscando continuamente ir en hora. Recordaba el día en que aquel gato blanco, grande y lustroso, que gustaba de pasear por lugares altos y sortear diversos obstáculos, lo rozó con su peluda cola y le hizo caer de la estantería. Recordaba el golpe fatal y aquella extraña sensación de quietud que sintió por primera vez en su frenética existencia. Y de repente el silencio, la calma, la paz por fin… Pero para su asombro no se deshicieron de él, lo dejaron allí en una esquina alta desde donde poder seguir observando la vida, pero sin participar de ella… Había sido un regalo muy apreciado y no querían desprenderse de él. Pero ya no se fijaban en sus manecillas en los momentos importantes del día, ya no accionaban su alarma, ya no marcaba el ritmo de aquella familia con su tic tac, tic tac… Y entonces, añoró en lo más profundo de su engranaje aquella vida de «no parar», entonces se dió cuenta de su valor y deseó volver a la actividad. Quiso dejar de ser un espectador y entrar de nuevo en la película, y empezó a soñar, a imaginar, a volar como el tiempo… el tiempo vuela, el tiempo vuela!!.

El Hombre Reloj

El Hombre Reloj por Madrizeleño

[br]

El reloj que daba las horas del tiempo quedó obsoleto. Entonces el hombre-reloj hizo de las suyas. El hombre reloj era como un judío que si se establecía en un barrio éste florecía y si se alejaba de él como tierra quemada el barrio se marchitaba. El hombre-reloj tenía una esfera de estrella y daba mucha vida a los suyos y a sus conocidos como especiales. El hombre-reloj era un profeta que anticipaba lo que iba a pasar porque estaba en sintonía con los signos de los tiempos porque era sensible a los matices de la naturaleza social por lo que captaba inmediatamente a los dibuks que transitaban por el metro y las calles de Madrid. Si el hombre-reloj iba a Berlín el muro caía si el hombre reloj por un viento gaditano no pudo visitar Gibraltar entonces este terreno seguía perteneciendo a los ingleses. Los mismos pasos del hombre-reloj eran como segunderos y sus pensamientos establecían el ritmo de la conciencia de las almas por lo que debía aclararse porque como él estuviera estarían los demás. El hombre-reloj era como un titán de crucigramas en su cabeza de sueños e intuiciones que le mareaban las jornadas pero cuando él estaba lúcido solo quería contemplar el mundo y tumbarse a pensar en la cama. El reloj se paró porque los tiempos eran feos pero ahí estaba el hombre reloj a quien Dios le dio la manecilla y la cuerda.

Le daría tiempo

Le daría tiempo por Adrián Díaz

[br]

El mundo se estaba muriendo. Estaba podrido en sus raíces desde mucho antes de que Lucía naciera. Algunas voces discordantes habían dado la voz de alarma en los albores del fin, pero los intereses creados y el beneficio economico inmediato habían superado con creces al sentido común.

En las horas finales Lucía sólo le tenía a él en la cabeza. Sólo podía pensar en una cosa. En el placer que él podría proporcionarle, en lo bueno que sería encontrarle otra vez, aunque fuera la ultima. En los pasados meses se había convertido en lo más importante de su vida. Por eso corría hacia él con tanta angustia.

Al doblar la esquina, allí estaba. El camello que le había proporcionado la heroína desde que se anunciara el fin, allí seguía. Sostenía una nueva jeringuilla entre los manos. Lucía miró el viejo reloj de cuco. Quedaban unos minutos. Le daría tiempo.

Siempre puedes escribir tu relato y enviárnoslo, aunque no estuvieras en la sesión, para que sea leído e incluido en el libro recopilatorio: contacta.

EJERCICIO DE IMPROVISACIÓN CREATIVA  [hr] Palabras clave: sociedad & soledad & niña / Caperucita 

El sueño de Caperucita

El sueño de Caperucita por Cristina García-Quismondo

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Caperucita estaba cansada. Día tras día, padres y madres de todo el mundo volvían a contar su historia. La misma historia…

Día tras día, venga a recorrer el bosque!!! Y venga a sortear al lobo feroz!!! Y venga a cuidar a la abuelita!!!

Cada día, se escapaba, como podía, por un agujero del bosque y, así, encontraba, por fin reposo en la soledad de su apartamento de quince metros cuadrados… Trataba de dormir, de llevar una vida normal, deseando que la sociedad se hiciera, por fin, creativa y empezara a contar cuentos nuevos, inventados, divertidos…

Desnaturalizados

Desnaturalizados por Araceli Domínguez

[br]

 -Soledad, hija, mira que traer a la niña así…

-¿Así cómo, mamá? Va vestida de caperucita para la fiesta del cole.

-Así con la falda tan corta, ¡qué no le llega ni a las rodillas!

-¡Pero si lleva los leotardos debajo!

-¡¿Y qué?! ¿Tú no ves el Telediario? ¿No ves la cantidad de desnaturalizados que hay por el mundo?

-¡Ay, mamá! ¡Deja de ser tan retorcida!

-¡Yo no soy retorcida! ¡Es la sociedad la que me retuerce!

Estando en la cima

Estando en la cima por Juan

[br]

Estando en la cima el único camino posible es de bajada, siendo duro aunque tengas la ayuda de la gravedad. Caperucita había saboreado la fama, su cuento estuvo arriba y prácticamente todas las noches se narraba. Pero los tiempos cambian, la sociedad evoluciona y esta dulce niña no supo adaptarse a las nuevas tecnologías. Ahora, deambula por las calles como una indigente, drogada, flaca y desdentada, pagando con su soledad el precio de la pereza, del miedo al cambio, de no haberse sabido trasformar.»

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kris
kris
7 years hace

A la que me deje la gripe voy a reunirme con mi gente que viene de fuera para que todos podamos y como vea que tal voy al taller, pero es que hoy estoy mala de acostarme como dice la canción, si no nos vemos es que pudo la gripe

Pepe
Pepe
7 years hace

Mi plan para este sábado es el siguiente:
12:00 Cibeles-Sol: claro que podemos
15:00 Comestibles y bebestibles
18:00 Relatando
… para posteriormente (léase mi relato: «Todas duelen….») encaminarnos al «Broken Arms» en las afueras de Hillbury, a charlar con el Sr. Sinclair y que nos cuente la verdadera historia de «Big Black Blind»
;-)
Si alguien se anima … a Cibeles y/o a comestibles y bebestibles, encantado.
Nos vemos.

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